martes, 13 de septiembre de 2011
APUNTAN CONTRA LAS PARITARIAS
El acercamiento del gobierno con la UIA no sólo se expresó en el salario mínimo, donde el dedo presidencial laudó en la propuesta patronal de máxima.
Esa decisión apuntaba también hacia las paritarias, en particular las del año que viene; pero también implica cerrar cualquier reclamo de reapertura ante el elevado ritmo inflacionario. Gremios como los judiciales bonaerenses recibieron sólo un 21% y un 4% más para la categoría más baja, tras 60 días de huelga.
El tema es arduamente discutido en la UIA. El vicepresidente y superexplotador gráfico Juan Carlos Sacco reclamó "comenzar a deflacionar salarios y precios", y agregó: "Yo creo que la Presidenta está muy decidida a influir en esto, nosotros estamos dispuestos a acompañarla porque consideramos que los salarios en la Argentina medidos en dólares son los más altos de Latinoamérica" (Ambito Financiero, 6/9) -sin decir, claro está, a cuánto asciende la carestía argentina, incluso medida en dólares. El mismo matutino indica que el gobierno maneja una pauta para las paritarias 2012 en torno del 18% para bajar las expectativas inflacionarias.
En todos estos años, el kirchnerismo se valió de Moyano para imponerle topes a las paritarias, hasta que la gran huelga de la alimentación cordobesa, en el otoño de 2010, averió seriamente ese método de contención. Este año, en los comienzos de la campaña electoral, CFK atacó personalmente las huelgas petrolera y docente de Santa Cruz ante un Moyano impotente, a quien las paritarias se le fueron a un promedio del 30% de aumento, bastante lejos de su 24% en cuotas.
Toda la cobardía y compromiso penal de la burocracia sindical se vio escenificada en el arrugue de la CGT y de Yasky, en el Consejo del Salario mínimo. No sólo por el mínimo aceptado, que no altera ningún convenio y atrasa el salario real ante una inflación del 30% en alimentos, sino también por el abandono de las demás reivindicaciones: derogación del impuesto al salario, eliminación de topes en el salario familiar y aumento de su importe, devolución de los 6 mil millones adeudados a las obras sociales.
Pero estos anticipos respecto del futuro tope de las paritarias tienen también por objeto fijar una pauta salarial a la baja en el presupuesto 2012, que entraría en días en el Congreso. Allí se prevé retomar la deuda con el Club de París, lo que achicará más las exhaustas finanzas públicas luego del pago de intereses y subsidios.
La embestida presidencial contra las ya regimentadas paritarias apunta a maniatar al movimiento obrero frente a otros factores -como los aumentos de tarifas, que ya se perfilan en los impuestos inmobiliarios y en los combustibles.
El 50 por ciento electoral de la Presidenta será usado contra el movimiento obrero, explotando la completa debilidad de la burocracia sindical. La CGT no arregla nada reuniéndose con candidatos presidenciales de oposición, y éstos no hacen más que mostrar su propio terror al movimiento obrero y la necesidad de todas las patas del régimen político de gobernar apoyados en los Moyano, los Cavalieri, los Venega, los Barrionuevo y también los Yasky.
Más que nunca tendrán vigencia los movimientos asamblearios fabriles y de gremio para quitar el control a la subordinada burocracia sindical pejotista. En la campaña electoral, tenemos que tirar del ovillo de ese gran planteo del Frente de Izquierda por un salario mínimo equivalente a la canasta familiar, preparando a la clase obrera para las futuras batallas.
Néstor Pitrola
jueves, 12 de mayo de 2005
¿POR QUÉ LOS GRAFICOS NO?
La cuestión salarial
El ajuste de la escala acordado en la “paritaria” de noviembre del año pasado, se reveló muy rápido como una nueva estafa del ongarismo. Además del insignificante 12 por ciento conseguido, el acta firmada contenía - tal como lo advertimos en el anterior boletín naranja – una cláusula de absorción. Es decir que los 75 pesos promedio (categoría 6) que cobramos en octubre, noviembre y diciembre fueron descontados a partir de enero de los 100 pesos dispuesto por el gobierno. Luego de haber acompañado durante una década el congelamiento menemista, hoy el sindicato gráfico sigue al pie de la letra la “política salarial” fijada por las cámaras empresarias y el gobierno. Veamos. En 2001 el básico mensual para la categoría 6 del sector obra estaba en 341 pesos y hoy está en 705 pesos. Si le restamos los 350 pesos correspondientes a los aumentos decretados por Duhalde y Kirchner, resulta que lo “conquistado” por el sindicato en las distintas “paritarias” es…. 14 pesos. Mientras la canasta familiar ronda los 1700 pesos y la actividad editorial (es decir las ganancias empresarias) crece a un ritmo cercano al 30 por ciento, la escala gráfica no llega a los 1000 pesos para la máxima categoría. Un oficio tan calificado como el de impresor, por ejemplo, requiere de muchos años de práctica, probablemente más que para conducir un tren o atender una línea telefónica. ¿Entonces porque un conductor de subte gana más de 2300 pesos (por 6 horas de trabajo) y un operador telefónico 1600 pesos? La respuesta es simple: porque los trabajadores del subte, igual que los telefónicos, no aceptaron sueldos de miseria y fueron a la huelga general, ganaron las calles, ocuparon edificios y cortaron vías, poniendo a sus cuerpos de delegados y asambleas generales frente del reclamo. El triunfo de estos conflictos no es resultado del mayor “peso social” que tienen las empresas de comunicaciones o de transporte como ridículamente se escuchó decir a algunos dirigentes gráficos. El “peso social” de los medios gráficos puede ser incluso mayor, pero el problema no radica allí, sino en la existencia de una dirección dispuesta a llevar adelante las reivindicaciones. Las luchas de Metrovías y FOETRA – que han hecho saltar los topes salariales diseñados por el gobierno y han puesto a la CGT y a la UIA a tramar un pacto que impida “nuevos desbordes” – enseñan que es posible arrancar verdaderos aumentos a condición de tener delegados y comisiones internas que sean canales de la combatividad de las bases.