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martes, 7 de noviembre de 2017

LA REFORMA LABORAL DE MACRI Y TRIACA


Un ataque a fondo a la clase obrera

Pongamos en pie al movimiento obrero
Entonado por el resultado electoral y la connivencia de la CGT, y contra lo  que había anticipado en la campaña electoral, Triaca presentó un proyecto de ley a la brasileña, de 145 artículos que atacan a fondo los derechos de los trabajadores. Ninguna asamblea obrera aprobaría este misil antiobrero, que la CGT viene pactando a espaldas de millones de compañeros. La moneda de cambio del Triunvirato es reforzar el sindicalismo vertical y patronal, y el manejo de las obras sociales, el llamado “modelo sindical”, incluido el ataque a los sindicatos de base y al clasismo. El moyanista Schmid, después de aplaudir el discurso de Macri en el CCK, dijo que no logra todavía “decodificar” a este presidente.
 
La ley destruye pilares como la “irrenunciabilidad”, por lo cual el contrato de empresa o individual puede traspasar a la baja la Ley de Contrato de Trabajo.
Estrictamente, deja de haber una ley de contrato de trabajo. El concepto de “trabajo” abarca por igual al empresario que al trabajador, borrando todo vestigio de frontera de clase y profundizando el ataque ya perpetrado por Cristina Kirchner en el Código Civil, al quitar la prelación del derecho laboral. Se ataca el concepto de que el trabajador es el eslabón débil de la cadena de explotación patronal. En esa línea del Código Civil vuelve a profundizar las garantías del régimen de tercerización, eliminando la responsabilidad solidaria de la empresa principal.
 
Pero va más lejos al permitir que el trabajador contrate trabajadores y más aún, habilita la cuadratura del círculo al permitir el “monotributista en relación de dependencia”, lo que liquida el concepto mismo de contratación laboral capitalista. Coloca a ese trabajador como un paria equivalente al trabajador en negro, pero peor, porque no puede litigar demostrando el fraude laboral. El fraude es ahora legal.
 
La burocracia sindical dice resguardar el “convenio colectivo”, lo cual es falso si ese convenio puede ir a la baja por empresa y hasta en forma individual, pero además se habilita el ataque más vasto desde la dictadura para que esos convenios arrasen conquistas centenarias. Estará permitido extender la jornada hasta 10 horas sin extras, perforando la histórica ley 11544 de la jornada de ocho horas. Cuando arrecia la desocupación, se extiende la jornada laboral posible. Ya el reciente convenio de Atilra, un sindicato con fuerte presencia kirchnerista, habilitó extras simples en fin de semana, atacando el descanso hebdomadario de fin de semana.
 
Se rebajan las indemnizaciones eliminando aguinaldo, extras y otros pagos en su cómputo, y se habilita a la formación de “fondos de cese laboral” como el de Uocra, donde el trabajador aporta a su propio despido. La ley no los impone, pero los habilita, para que las burocracias comiencen su trabajo de demolición. En esa línea consagra el “banco de horas”, que no pudo generalizar Menem en los ’90 a partir del convenio de General Motors. O sea quebrar la jornada, sin extras, que el propio trabajador autocompensa.
 
La reducción de aportes patronales progresiva hasta 11.500 pesos en 2022 golpea la recaudación previsional. Su contraparte será la caída del poder adquisitivo de las jubilaciones (modificación de la movilidad jubilatoria), la eliminación de los regímenes especiales y la eventual elevación de la edad más adelante. El “caramelo” del aumento de licencias por paternidad es una burla, en medio de semejante usurpación de derechos. El blanqueo laboral, por su parte, es un “jubileo” a los evasores. Pero, además, fracasó con Cristina, porque rige una ley idéntica desde 2014.
 
La presentación de una sola ley ómnibus, centraliza la campaña de lucha. Dejar el debate de esta ley en manos de los legisladores patronales de Cambiemos y del pejotismo, que declara subordinar su accionar a la burocracia sindical entreguista, es un suicidio. Hay que quebrar el pacto Macri-CGT. El Partido Obrero impulsa inmediatas asambleas de base y plenarios de delegados con mandato de los lugares de trabajo, llama a reagruparse a todas las fuerzas combativas del movimiento obrero para la acción común y que la reforma antilaboral no pase.
 
Llamamos a defender a todos los sindicatos inscriptos y a los cuerpos de delegados y seccionales recuperados, y a todas las organizaciones de base del movimiento obrero. Un Congreso con Mandato de Bases de todos los sindicatos argentinos, sin distinción de centrales sindicales, unificados, debería resolver un inmediato plan de lucha para quebrar la ofensiva. Nuestros parlamentarios, los que están y los electos, se ponen al servicio de esta causa suprema de los trabajadores argentinos.
 
NESTOR PITROLA

martes, 13 de septiembre de 2011

APUNTAN CONTRA LAS PARITARIAS

Preparemos políticamente al movimiento obrero para defenderlas

El acercamiento del gobierno con la UIA no sólo se expresó en el salario mínimo, donde el dedo presidencial laudó en la propuesta patronal de máxima.
Esa decisión apuntaba también hacia las paritarias, en particular las del año que viene; pero también implica cerrar cualquier reclamo de reapertura ante el elevado ritmo inflacionario. Gremios como los judiciales bonaerenses recibieron sólo un 21% y un 4% más para la categoría más baja, tras 60 días de huelga.
El tema es arduamente discutido en la UIA. El vicepresidente y superexplotador gráfico Juan Carlos Sacco reclamó "comenzar a deflacionar salarios y precios", y agregó: "Yo creo que la Presidenta está muy decidida a influir en esto, nosotros estamos dispuestos a acompañarla porque consideramos que los salarios en la Argentina medidos en dólares son los más altos de Latinoamérica" (Ambito Financiero, 6/9) -sin decir, claro está, a cuánto asciende la carestía argentina, incluso medida en dólares. El mismo matutino indica que el gobierno maneja una pauta para las paritarias 2012 en torno del 18% para bajar las expectativas inflacionarias.
En todos estos años, el kirchnerismo se valió de Moyano para imponerle topes a las paritarias, hasta que la gran huelga de la alimentación cordobesa, en el otoño de 2010, averió seriamente ese método de contención. Este año, en los comienzos de la campaña electoral, CFK atacó personalmente las huelgas petrolera y docente de Santa Cruz ante un Moyano impotente, a quien las paritarias se le fueron a un promedio del 30% de aumento, bastante lejos de su 24% en cuotas.
Toda la cobardía y compromiso penal de la burocracia sindical se vio escenificada en el arrugue de la CGT y de Yasky, en el Consejo del Salario mínimo. No sólo por el mínimo aceptado, que no altera ningún convenio y atrasa el salario real ante una inflación del 30% en alimentos, sino también por el abandono de las demás reivindicaciones: derogación del impuesto al salario, eliminación de topes en el salario familiar y aumento de su importe, devolución de los 6 mil millones adeudados a las obras sociales.
Pero estos anticipos respecto del futuro tope de las paritarias tienen también por objeto fijar una pauta salarial a la baja en el presupuesto 2012, que entraría en días en el Congreso. Allí se prevé retomar la deuda con el Club de París, lo que achicará más las exhaustas finanzas públicas luego del pago de intereses y subsidios.
La embestida presidencial contra las ya regimentadas paritarias apunta a maniatar al movimiento obrero frente a otros factores -como los aumentos de tarifas, que ya se perfilan en los impuestos inmobiliarios y en los combustibles.
El 50 por ciento electoral de la Presidenta será usado contra el movimiento obrero, explotando la completa debilidad de la burocracia sindical. La CGT no arregla nada reuniéndose con candidatos presidenciales de oposición, y éstos no hacen más que mostrar su propio terror al movimiento obrero y la necesidad de todas las patas del régimen político de gobernar apoyados en los Moyano, los Cavalieri, los Venega, los Barrionuevo y también los Yasky.
Más que nunca tendrán vigencia los movimientos asamblearios fabriles y de gremio para quitar el control a la subordinada burocracia sindical pejotista. En la campaña electoral, tenemos que tirar del ovillo de ese gran planteo del Frente de Izquierda por un salario mínimo equivalente a la canasta familiar, preparando a la clase obrera para las futuras batallas.


Néstor Pitrola

jueves, 1 de septiembre de 2011

El salario minimo de los "victoriosos"

No existió ningún "Consejo" ni tironeo, ni debate. Cristina Kirchner impuso a dedo el salario mínimo de 2.300 pesos, mucho más cerca del salario de la pobreza que de la canasta familiar.

Moyano y Yasky lo aceptaron sin chistar, porque ellos tienen sus bolsillos bien forrados.

Pero este salario mínimo ni siquiera es tal, porque no llega a él un 40% de los trabajadores precarizados.

El "consejo del salario" tampoco subió el mínimo no imponible de los que pagan el impuesto al salario.

Ni elevó el piso para cobrar el salario familiar, el cual no se actualiza ¡desde hace tres años!

También tendrán que esperar los que cobran la "asignación universal por hijo", cuyo poder de compra se cae un 2%, todos los meses, porque se le quiere dar "efecto electoral".

Días después de decretado este "salario de pobreza", los capitostes patronales del "Grupo de los 6" reclamaron una mayor "contención" de los salarios y aumentos en los precios y tarifas.

¿Cuál es la única fuerza política que hace frente a este despojo hoy y en el futuro?

NOSOTROS, LA IZQUIERDA.

Desde el Frente de Izquierda luchamos por un salario mínimo equivalente a la canasta familiar, hoy en los 6.000 pesos, y por su indexación automática de acuerdo con la inflación.

Por el fin del trabajo en negro, precario y tercerizado.

Únase a nosotros para enfrentar el próximo desafío de meter diputados obreros y socialistas en el Congreso, las legislaturas y los concejos.

miércoles, 1 de octubre de 2008

¡QUE SE REABRA LA PARITARIA!

La entrega de miles de millones de dólares a los bonistas y a los bancos, anunciada por la presidenta en medio del derrumbe mundial, implica más ajuste en salud y educación y nuevos tarifazos como el del gas. Con una inflación anual que ronda el 30 por ciento la recomposición del poder de compra es una necesidad inaplazable. Las dos últimas paritarias se firmaron tomando como referencia los índices falsos del INDEC, muy inferiores al costo de vida real; a eso se agrega que los aumentos han sido en cuotas y también que las cláusulas de absorción aceptadas por la directiva gráfica han permitido a los empresarios descontar los incrementos de otros rubros y nivelar hacia abajo. El retraso de los sueldos lleva varios años. Las “mejoras para los trabajadores” en el impuesto a las ganancias y en las asignaciones familiares, saludadas por la CGT, son sencillamente una burla. Evidentemente no será de la burocracia sindical de donde saldrá el impulso necesario para recuperar lo que hemos perdido. Quienes han colocado el gran tema de las paritarias en la agenda nacional son los maestros y los estatales con sus grandes huelgas y la lucha de los obreros del neumático por el 35 por ciento. Justamente lo que desvela a Cristina es que la fuerza del sector estatal junto a las ramas activadas pueda arrastras al resto de los gremios. Para prevenir una ola de conflictos la CGT sugirió al Gobierno que decrete el pago de un aguinaldo completo a fin de año (la alternativa de una suma fija es rechazada por la UIA por temor a que termine por ser el piso de la próxima negociación paritaria). Otra variante es el adelantamiento de las cuotas no remunerativas pactadas en la paritaria anterior, como reclama el sindicato gráfico. Pero las sumas no remunerativas bastardean el salario porque no van a extras, aguinaldo, vacaciones e infinidad de rubros y premios. La consigna que unifica al gobierno, las patronales y los sindicatos es descomprimir la tensión obrera para no abrir las paritarias. Las patronales están absolutamente duras, la línea de la UIA es que el eje es “combatir la inflación”, como si los salarios tuvieran algo que ver y como si no fueran ellos los que remarcan los precios. Se quejan por la pérdida de rentabilidad y buscan aprovechar el enfriamiento de la economía para imponer nuevos pisos de productividad. Esto significará mayor flexibilidad, tercerizar más la producción, penalizar el ausentismo, ritmos de trabajo más altos, reducción de dotaciones y la extensión de la jornada por la misma plata (hoy solo el 22 por ciento de los que hacen extras las cobran correctamente). También reclaman una reforma a la ley de accidentes. En este cuadro, el reclamo fábrica por fábrica se hace más difícil y por lo tanto más necesaria que nunca es la acción del gremio en su conjunto. Ongaro llama al gremio a movilizarse para defender al gobierno contra el campo pero no mueve un dedo por las reivindicaciones de los gráficos. Planteamos: plenario de delegados (sin exclusiones) con mandato de taller para discutir la reapertura de la paritaria por un aumento de emergencia del 30 por ciento, actualización de las categorías, ningún despido ni suspensión, respeto a la jornada de 8 horas, duplicación del haber mínimo y 82 % móvil para todos los jubilados.

jueves, 12 de mayo de 2005

¿POR QUÉ LOS GRAFICOS NO?

La cuestión salarial

El ajuste de la escala acordado en la “paritaria” de noviembre del año pasado, se reveló muy rápido como una nueva estafa del ongarismo. Además del insignificante 12 por ciento conseguido, el acta firmada contenía - tal como lo advertimos en el anterior boletín naranja – una cláusula de absorción. Es decir que los 75 pesos promedio (categoría 6) que cobramos en octubre, noviembre y diciembre fueron descontados a partir de enero de los 100 pesos dispuesto por el gobierno. Luego de haber acompañado durante una década el congelamiento menemista, hoy el sindicato gráfico sigue al pie de la letra la “política salarial” fijada por las cámaras empresarias y el gobierno. Veamos. En 2001 el básico mensual para la categoría 6 del sector obra estaba en 341 pesos y hoy está en 705 pesos. Si le restamos los 350 pesos correspondientes a los aumentos decretados por Duhalde y Kirchner, resulta que lo “conquistado” por el sindicato en las distintas “paritarias” es…. 14 pesos. Mientras la canasta familiar ronda los 1700 pesos y la actividad editorial (es decir las ganancias empresarias) crece a un ritmo cercano al 30 por ciento, la escala gráfica no llega a los 1000 pesos para la máxima categoría. Un oficio tan calificado como el de impresor, por ejemplo, requiere de muchos años de práctica, probablemente más que para conducir un tren o atender una línea telefónica. ¿Entonces porque un conductor de subte gana más de 2300 pesos (por 6 horas de trabajo) y un operador telefónico 1600 pesos? La respuesta es simple: porque los trabajadores del subte, igual que los telefónicos, no aceptaron sueldos de miseria y fueron a la huelga general, ganaron las calles, ocuparon edificios y cortaron vías, poniendo a sus cuerpos de delegados y asambleas generales frente del reclamo. El triunfo de estos conflictos no es resultado del mayor “peso social” que tienen las empresas de comunicaciones o de transporte como ridículamente se escuchó decir a algunos dirigentes gráficos. El “peso social” de los medios gráficos puede ser incluso mayor, pero el problema no radica allí, sino en la existencia de una dirección dispuesta a llevar adelante las reivindicaciones. Las luchas de Metrovías y FOETRA – que han hecho saltar los topes salariales diseñados por el gobierno y han puesto a la CGT y a la UIA a tramar un pacto que impida “nuevos desbordes” – enseñan que es posible arrancar verdaderos aumentos a condición de tener delegados y comisiones internas que sean canales de la combatividad de las bases.